Padre

Entrar en el sueño de otro hombre, un sueño que solo le pertenecía a él, 
aunque quisiese compartirlo con todos. Un sueño que se esfumó en medio latido.
Pasear por esas estancias, ese suelo, esas paredes huérfanas habitadas por una ligera lámina de polvo, sentir los pasos y cada pisada causar un estruendo amplificado por muros, mudos testigos de toda una historia.
Una y miles, el silencio y el vacío en aquella habitación encogiendo el corazón, donde no hacía mucho, había risas, consejos y advertencias. Armarios desprovistos de toda presencia, perchas esqueléticas símbolo de aquello que alguna vez estuvo habitado, mientras bolsas de basura llenas atestiguan que alguna vez allí, hubo humanidad.
Sentir el ahogo, la asfixia, la cabeza dando vueltas y el mundo desapareciendo ante unos ojos incapaces de ver nada salvo una imagen borrosa sumiéndose en la oscuridad.
Hincar las rodillas y una palabra redundante amartilla el cerebro "No puede ser" y ni las lágrimas aciertan a salir, temerosas de si el momento es real o una broma pesada, y la pérdida es tan grande, que un pedazo de ti, de tu historia, de tu vida, es arrancado de cuajo y arrojado a un pozo oscuro y profundo con la esperanza de ser olvidado.
Y el dolor te lo recuerda y el dolor va amainando y el tiempo corre estación tras estación, y el dolor queda convertido en recuerdo.
Pero sabes que algo dentro de ti, jamás volverá.

FJBravo© 2022